Supón que entonces hablo de la vida...

viernes, 1 de marzo de 2013

Nuevas tecnologías


-Consulté un especialista de mayor profundidad… tú debes estar ok, creí que era correcto que lo supieras. Mientras leía en la pantalla de su celular sin saber todavía qué pensar, qué decir, qué sentir o cómo reaccionar, ella no imaginó entonces que la próxima vez que tendría noticias suyas sería a través de otro mensaje, enviado desde la mitad del mundo. Sí, de eso se enteraría tres o cuatro días después; ahora tenía ante sí este mensaje, tan lacónico, tan clínico, que pretendía ser exculpador de sabe dios qué otros asuntos no mencionados –bueno, ella sí los sabía, o al menos podía suponerlos-, y no podía comprender que estaba ante el cierre perfecta y dolorosamente absurdo de una historia que la había marcado tanto que todavía estaba aprendiendo a vivir sin recordarla.

A algunos miles de kilómetros de distancia, él no sabía ya qué hacer para conseguir apartar la mirada de aquellas fotos publicadas tiempo atrás, cuando todavía había un nosotros y ella podía imaginarlos envejeciendo juntos, así, sin hacer ningún esfuerzo, ¿cómo dejar de mirarlas, cuándo dejarían de dolerle? Y casi como un autómata  le escribió  -Hay algo en esa foto que no me gusta, ¿puedes eliminarla por favor?…

jueves, 14 de febrero de 2013

Muchacho loco


Muchacho loco: cuando me miras
con disimulo de arriba a abajo
siento que arrancas tiras y tiras de mi refajo…

Muchacho cuerdo: cuando me tocas
como al descuido la mano, a veces,
siento que creces
y que en la carne te sobran bocas.

Y yo: tan seria, tan formalita,
tan buena joven, tan señorita,
para ocultarte también mi sed
te hablo de libros que no leemos,
de cosas tristes, del mar con remos,
te digo: usted.

Carilda Oliver

miércoles, 13 de febrero de 2013

El coleccionista de mujeres




Tengo un amigo que colecciona mujeres, mejor dicho, colecciona fotografías de muchachas hermosas. Simplemente no puede evitarlo, se siente tan atraído por ellas que en ocasiones basta un rostro simétrico, una mirada atrevida, un gesto indescifrable, o el misterio que probablemente se esconda detrás de aquel flequillo, para que la imagen pase a formar parte de una colección envidiable que no hace distingos entre el color de la piel, los ojos o el cabello. El único requerimiento –me comentó un día- es que reflejen la más pura autenticidad. 

martes, 12 de febrero de 2013

Retrato inconcluso



Durante años he intentado imaginar a aquella chiquilla regordeta de casi 15 años que mira al océano Atlántico desde la baranda del Marqués de Comillas, el gigantesco barco –como recordaría luego- que se había convertido en su casa temporal durante los últimos tres meses que se sucedieron desde que saliera del puerto de Santander. En algunas ocasiones he logrado crear la imagen de esa muchachita de largas trenzas negras y ojos de un gris inusual que no pueden disimular la tristeza contenida mientras ríe de las travesuras de sus dos hermanitos.

viernes, 1 de febrero de 2013

Un instante en la vida de José Martí

Hoy me levanté con dos ideas fijas, aparentemente desconectadas entre sí, y quisiera compartirlas con ustedes.

Una es un momento de la película El ojo del canario; apenas una escena que se me ha quedado grabada en la memoria y me surge de vez en cuando para hacerme recordar algunas de las cosas importantes de esta vida. Tal vez ustedes la recuerden. Es aquella en que el adolescente llega a su casa, la madre le sirve algo de caldo y un pedazo de pan que evidentemente poco sirve para saciar el hambre que puede estar sintiendo el muchacho en ese momento; y Broselianda –en el papel de la madre- se pone a comentar de los problemas del crédito en la bodega del  gallego, las dificultades del padre -o algo por el estilo-, con la hermana de José Julián, o con él mismo…,

martes, 29 de enero de 2013

el único apetito que no se sacia nunca



Sucede casi siempre que las relaciones que el amor comenzó, concluyen por no tener más lazo de unión que el del deber. -¿Es que la satisfacción del amor mata el amor? -¡No! Es que el amor es avaricioso, insaciable, activo: es que no se contenta con los sacrificios hechos sino con los sacrificios que se hacen. Es que es una gran fuerza inquieta, que requiere grandes alimentos diarios, es que es el único apetito que no se sacia nunca.
No es que anhele cuerpo que lo sacie: es que solo la solicitud incesante y tierna, visible y sensible, lo alimenta. Creen las mujeres con error, y creen los hombres, que una vez dada la gran prenda, la prenda del cuerpo; el beso sacudidor, todo está dado, y todo conseguido. ¡Oh, no! El alma es espíritu y se escapa de las redes de la carne: es necesario conquistarla con espíritu…

No ha de desperdiciarse ocasión alguna de consolar toda tristeza, de acariciar la frente mustia, de encender la mirada lánguida, de estrechar una mano caliente de amor. Perpetua obra, obra de todo instante es la ternura. Si no, ¡el amor no satisfecho busca empleo! Hay una palabra que da idea de toda la táctica del amor: rocío-goteo. Que haya siempre una perla en la hoja verde: una palabra en el oído, una mirada meciente en nuestros ojos; en nuestra frente, un beso húmedo.
El que así no ame, no será jamás amado.

Y eso señor@s, lo escribió José Martí en el siglo XIX.

lunes, 28 de enero de 2013

A los blogueros cubanos


 

Este fin de semana lo pasé bien, más que bien si me permiten el énfasis. El broche de oro lo puso ayer el espectáculo musical El Caballero de París, con su plato fuerte: la interpretación en vivo de Kelvis Ochoa y Descemer Bueno. Llegué al trabajo con la idea de hacer un pequeño comentario sobre esto y publicarlo aquí para compartir con mis amigos, y ¿por qué no?, para darle un poquito de envidia sana a algunas amistades que se lo perdieron…

Pero como ya se va haciendo habitual, yo propongo y alguien más dispone. Al conectarme con internet me encontré con que me habían “robado” un comentario que hice el viernes y lo habían publicado como un post. Así que aprovecho y lo publico yo también.

Ah, y la foto que acompaña mi comentario se la “robé” ,  porque como dice el refrán: donde las dan las toman…

lunes, 21 de enero de 2013

La niebla no es olvido sino postergación anticipada


Diálogo o contrapunteo entre Benedetti y Wichy Nogueras, como prefieran. 

Aquí les dejo un poema del uruguayo que me regaló un amigo.Confieso que no lo había leído antes, y si alguna vez pasó por mis ojos no se quedó en mi memoria, lástima.

Habla también de la niebla y el olvido y el amor...

 

viernes, 18 de enero de 2013

LABIOS SIM BEIJOS… o para qué sirve un poeta




Otra boca besa la boca que mi boca ya no besa
otras manos tocan las manos que mis manos ya no tocan
otros ojos se miran en los ojos que ya no ven mis ojos
Se fue la boca, sí
se fueron las manos, sí
se fueron los ojos, sí
solo queda el poema
manco
ciego
mudo


jueves, 3 de enero de 2013

Confesiones para el 2013



 
CONFIESO  que he estado pensando en el 2013 desde hace casi dos meses. Hasta me había hecho una lista larguísima de los lugares a los que quiero ir, las metas que quiero cumplir, las personas con quienes quisiera compartir estos 361 días que siguen. Pero el 30 de diciembre, repasando los anteriores, me di cuenta que en el 2012 experimenté los cambios más importantes que he vivido en los últimos años, y todos vinieron de la mano de circunstancias y objetivos que ni siquiera imaginaba en enero. 


viernes, 28 de diciembre de 2012

Yo soy de donde chocan las olas...




Lo que diferencia al hombre del animal es que el hombre es un heredero y no un mero descendiente.
José Ortega y Gasset


Parada justo al borde del espigón, intenté recordar la última vez que estuve así, absorbiendo de una sola vez, como ante un cuadro; el conjunto de los pilotes del muelle viejo que han sobrevivido a tanta agua; la línea del horizonte que se perdía a lo lejos sin dejarme definir cuando empezaba el cielo y terminaba el mar; las medusas que pululaban entre las piedras de la orilla;

miércoles, 19 de diciembre de 2012

PARA UNA MUJER DESNUDA, DE UN POETA IRREVERENTE




En mi adolescencia, Roque Dalton fue un nombre más, de esos que encontraba impresos en blanco y negro en algún que otro libro sobre poesía, un género que entonces no llamaba mucho mi atención (todavía digo que si me dieran a elegir un equipo, yo soy seguidora del cuento, síntesis y desafío, tanto para el escritor como para el lector). 

Hace un tiempo un profesor de tantas materias a un tiempo; pensador, filósofo y reparador de sueños, comenzó a contarnos del salvadoreño Roque Dalton: poeta, hombre y revolucionario...

jueves, 13 de diciembre de 2012

Menú para una cumpleañera...



Hoy no es el cumpleaños de mi mamá, pero mañana sí. Mañana 14 de diciembre, la mujer más importante de mi vida (literalmente) llega a los 53 años. 

Este momento específico del año siempre es complicado para mi poco previsora y ahorrativa perspectiva financiera, que me impide prever, desde el 17 del mes anterior (esos son los días de pago en mi trabajo) cuánto debo NO gastar para llegar con el presupuesto suficiente al cumpleaños de mami (tranquilos, eso me sucede también cada año con el de mi hermano, el 14 de febrero).

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Desmayarse


Hace unos meses descubrí a un escritor aventurero, excitante, "enamorado del amor" y versión medieval española de Don Juan, a quien solo recordaba como el autor de varias obras de teatro y en especial de aquella magnífica Fuenteovejuna que nos enseñaron en la escuela. 

Confieso mi ignorancia, hago pública mi vergüenza de no conocer la maravillosa contemporaneidad de don Lope de Vega. 






 Ahí les dejo un pequeño poema suyo: 

martes, 11 de diciembre de 2012

Si yo fuera un personaje de Subiela…

Imaginen este escenario a medianoche, y se acercarán un poco a lo que les hablo


Si yo fuera un personaje de Subiela o de esas películas argentinas al estilo de Nueces para el amor, diría que anoche, por primera vez en mucho tiempo, sentí que recuperaba la capacidad de volar. Si no fuera un personaje de Subiela, no tendría otra manera de describir cómo me sentí en el Carlos Marx bailando con los Van Van y tarareando y disfrutando mis canciones de Silvio Rodríguez.
No sé, y la verdad es que tampoco me interesa mucho, qué piensan los cinéfilos noctámbulos que esperaban tal vez una propuesta menos “popular”, pero confieso que para mí esta noche del 4 de diciembre fue, sencillamente, perfecta. Por no dejar de tener, hasta dramaturgia y cadencia cinematográfica hubo, con introducción, desenlace/clímax y epílogo.
¿A alguien se le ocurre una idea mejor para comenzar que hacerlo al ritmo de los Van Van, el de aquellas canciones de los 70 que yo, que ni había nacido cuando aquello, me las sé de memoria de tanto oírlas en la casa y cualquier lugar de este país? Eso mismo pensó Alfredo Guevara, porque propuso inaugurar el festival poniendo aquel teatro a bailar desde el primero hasta el último butacón. Para ser honesta, las mejores canciones siguen siendo aquellas iniciales. ¡Ay!, Formell, Felicítame y dame el Guararey de Pastorita antes de decirme Chirrín chirrán, en mi opinión nada las supera. Pero mejor fue ese sentimiento que me empezó a recorrer desde una mano a la otra del deseo de tener allí a mis vanvaneros favoritos, a mi  papá, a mis primas de Guanabacoa  -la mata de la sandunga y  la subsede permanente del casino- que me enseñaron a bailar desde chiquita, y a Charly Morales, que tal vez ya no recuerde aquel día en que nos llevamos de la biblioteca de mi mamá el cassette por los 25 años de la orquesta, y casi lo gastamos de tanto ponerlo en la beca.       
Después de aquellas cinco, seis o siete canciones, no les puedo decir porque ni las conté mientras bailaba –o lo intentaba-, y cuando esperaba ver un documental sobre un músico brasileño llamado Donjovio, o de un realizador brasileño sobre Bon Jovi  como parecía que podía suceder según mis “fuentes informativas” (ya sé,  cuál de las dos más absurdas), me sorprendí sorprendiéndome y pensando que ya era demasiado bueno para una sola noche que hubieran decidido poner, además, un documental sobre Silvio, así lo hubiera hecho un español desconocido.
Y entonces, sí, empezó el nudo central de esta noche cinematográfica, con Nico García, a quien nunca podré agradecerle lo suficiente que haya puesto en la pantalla a mi Silvio Rodríguez, a ese que de tanto oír y leer en su discografía -toda la que ha caído en mis manos y cerca de mis oídos-, siempre imaginé que existía detrás del retrato del poeta malhumorado y hasta pesado que se había quedado grabado en mi memoria de tiempos anteriores, sabe Dios por qué razones. En lugar de aquel cierto cantante que se molestaba cuando en sus conciertos la gente coreaba sus canciones y mandaba a callar a la multitud, me encontré frente a frente con un personaje dulce e inquieto, simpático, expresivo y carismático, la más pura personificación del narrador de cuentos que siempre anduvo por algún lugar de mis recuerdos infantiles. Y nota tras nota, desde La Era, El Elegido, Ojalá, El Necio, El Mayor fui creciendo con él a través de su experiencia en la Revolución y en el amor, recorriendo el camino de los barrios y reconociendo a los amigos que aparecieron “robando cámaras”, y también di una canción de regalo, porque quise y porque sé que Silvio me dejaría. Y otra vez aquella sensación, aquel anhelo de ver a mis silviófilos favoritos, mi mamá (Felisa Muñoz), mi tía Any (Ana Margarita Rodríguez), Dayanet Torrent y Rodolfo Romero, con quienes me hubiera gustado compartir todas y cada una de las canciones que, milagrosamente, sobrevivieron a mi acompañamiento musical.    
El epílogo se lo dejo de obsequio a mis amigos cineastas (Maykel Rodríguez Ponjuán, Pedro Enrique Moya, Erick Coll) o al mismo Subiela, que viene que ni pintado para una de esas películas argentinas al estilo de Nueces para el amor o El lado oscuro del corazón, porque incluyó desde una conversación telefónica de tres minutos y veinte segundos –disculpen la exactitud, el responsable ¡es mi celular! - con un amigo medio loco que me ha vuelto la vida al derecho; minutos que resultaron insuficientes para contarle del documental, y de aquella reflexión final de Silvio que se me quedó grabada casi textualmente y algún día le diré; hasta  una decisión impredecible y loca de ir a buscar una 195 que eligió pasar ese día veinte minutos más temprano y me tuvo hasta las 2 de la madrugada esperando en El Quijote; para terminar con una conversación colectiva de casi dos horas que bien podría competir con ese mágico realismo de Carpentier, pues comenzó haciendo un recuento comentado del transporte público en varias ciudades del mundo, La Habana, Buenos Aires, México, Madrid, siguió sus derroteros hacia los servicios de recogida, hizo una pequeña pausa en las nuevas normas aduanales (¿o aduaneras?) y terminó haciendo un análisis del alumbrado público guanabacoense, más específicamente en el Chibás, Santo Domingo, El Roble y El Mambí. En eso vino la guagua. Media hora después (eso tienen de bueno los viajes de madrugada, prácticamente no demoran) llegué a mi casa, y les puedo jurar que dormí como hacía mucho tiempo no lo hacía.